La niña que hablaba con las paredes

La Sombra aparecía siempre en un estrecho callejón que quedaba a espaldas de la Plaza de Armas. Todas las tardes, la sombra dejaba el callejón, cruzaba la plaza, bajaba 2 cuadras y giraba hacia la izquierda. En el trayecto no hablaba con nadie ni saludaba a nadie. Total, nadie lo podía ver. La Sombra se detenía en una esquina, se acicalaba un poco y avanzaba algunos pasos más. Allí había una casa de un solo piso, con paredes color celeste plomo, zócalos azul marino y una sola ventana con lunas de espejo. Frente a esa casa envejecía una pared despintada y salitrosa, y era en esa pared en donde La Sombra se colocaba por fin. Nadie lo podía ver, excepto la niña de ojos brillantes que vivía en la casa celeste.

Todas las tardes, a las 6 en punto, la niña se sentaba a esperar  junto a la ventana y era feliz, y sus ojos brillaban más y mejor, cuando veía a La Sombra aparecer  frente a ella, dibujándose silenciosamente en la pared despintada. Entonces abría la puerta y salía a conversar con él y él, La Sombra, le hablaba esbozando sus pensamientos en la pared, transfigurándose en  mensajes que solo la niña de los ojos brillantes podía ver y ella le respondía en voz baja, como si estuviera contándole cosas al oído. Cada tarde, ellos veían morir el sol, veían llegar la noche y con esta, el deprimente alumbrar de los postes. Entonces La Sombra se desvanecía, se difuminaba entre otras sombras más grandes y más densas y la niña cerraba sus párpados, atrapando con ellos sus lágrimas de luz y no volvían a ser felices sino hasta la tarde siguiente. 

Pero pronto, la gente del pueblo advirtió aquel extraño ritual vespertino y soltaron el rumor de que la niña se había vuelto loca porque hablaba y reía con las paredes. Cuando su madre lo supo  le preguntó qué diablos estaba pasando pero ella solo le respondió que no estaba loca porque La Sombra que aparecía todas las tardes existía y era su mejor amigo. Su madre, asustada, la encerró en su habitación y cubrió las paredes de la habitación con espejos y también el techo y el piso de modo que no quedara un solo centímetro donde se posaran las sombras. La mantuvo encerrada durante 60 días y 60 noches.

Sin embargo, una tarde la niña escapó de su cárcel de espejos y pudo hablar con La Sombra y le pidió que se transformara en un ser humano, que se hiciera de carne y hueso ya que solo así podrían estar  juntos para siempre. Desgraciadamente, La Sombra no podía hacer eso porque estaba condenado a ser sombra durante toda su existencia. Entonces la niña volvió a su cárcel de espejos y empezó a llorar, gastando todas sus lágrimas de luz hasta que sus ojos dejaron de brillar. Su padre lo supo, y  llegó desde una ciudad lejana  en un auto rojo para llevársela de allí, lejos de ese pueblo chato y aburrido a una ciudad de grandes edificios y avenidas infinitas en donde La Sombra jamás podría encontrarla. 

Pasaron kilómetros y kilómetros en un viaje que parecía eterno, la niña soñaba y en sus sueños veía a La Sombra convertido en un joven de carne y hueso que le sonreía y cuyos ojos brillaban tanto como habían brillado los de ella. De pronto se despertaba de golpe y se encontraba dentro del auto rojo de su padre sin saber si eran minutos o años los que habían pasado desde que subió allí pero tampoco quería averiguarlo. Y miraba por la ventana hacia el mundo que se movía como un disco allá afuera y veía pasar una multitud de sombras que desfilaban al borde de la carretera pero en ninguna de ellas reconoció al amigo al que había aprendido  a querer. Cuando llegaron a su destino, su padre la llevó a vivir al apartamento que tenía en aquella ciudad llena de luces de neón, le dio un beso en la frente y le prometió que todo estaría bien. Así pasaron los días y las noches y cuanto más tiempo pasaba, más pensaba en La Sombra preguntándose si acaso él la estaría buscando.

La respuesta era sí. Desde el día en el que ella se fue, La Sombra había invertido cada minuto de su existencia en buscarla. La buscó de casa en casa, en cada pueblo, en cada caserío, en cada ciudad grande o pequeña. La buscó en los mares, en los desiertos y en las colinas, la buscaba por caminos interminables y por senderos que parecían incendiarse con cada puesta de sol. Se perdió en los laberintos de un mundo que nunca había sido suyo y estuvo a punto de morir devorado por la oscuridad en la que desaparecía  un pueblo condenado a existir solo una hora después de cada medianoche. Pero la sombra también soñaba y una noche se soñó dibujando sus mensajes, no con las sombras de su cuerpo, como lo hacía antes, sino con pincelazos de luz, en la pared amarillenta de un edificio de apartamentos en una ciudad en la que jamás había estado. Y así los días se convirtieron en semanas y éstas en meses y éstos en años pero La Sombra siguió buscando a la niña de los ojos brillantes, sin un solo minuto de descanso.

Y una tarde, mientras el sol agonizaba, la sombra llegó a una ciudad llena de luces de neón, de edificios grandes y avenidas infinitas y allí lloró amargamente como nunca en su vida lo había hecho. Lloró por primera vez, gritando el nombre de la niña a la que había buscado sin descanso durante miles de horas y solo una persona en aquella ciudad luminosa pudo escuchar lo que decía. La niña se asomó a su ventana, echó un vistazo a la amarillenta pared del edificio de al frente y sus ojos volvieron a brillar.

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Corazón de León

Una de las fotos que nunca colgué en facebook es precisamente la única que atestigua mi paso por Lima. En esa foto yo estoy en la plaza mayor, dando la espalda al Palacio de Gobierno. Llevaba puesto mi polo negro de punisher, el pantalón jean verde petróleo y unos zapatos que querían volverse zapatillas. En aquel tiempo aún me peinaba con raya en medio, esa horrible raya en medio que marcó mi adolescencia. En fin, parado allí con los brazos en jarras, la expresión de villano atormentado por sus culpas y la cabeza de libro maltratado, dejé muy en claro que posar nunca ha sido mi fuerte. Pero siempre tardo más en darme cuenta de ello que en volver a intentarlo.

Sin embargo en esa foto yo no me encuentro solo. A mi derecha, un hombre delgado, de 50 años, vestido con camisa beige a cuadros y pantalon azul, sonríe tímidamente a la cámara. Aunque su cabello ya ha perdido el color, está mejor arreglado que el mío. Ese hombre es mi padre y esa foto no solo es la única que tengo de Lima sino que también es la única que me tomé con él después de 17 largos años. Es eso lo que la hace invaluable y es por eso por lo que decidí guardarla solo para mí.

Estuvimos aquí

Más o menos 48 años antes de que mi papá y yo posáramos para la posteridad en la plaza mayor de Lima, su padre, mi abuelo, un señor gordo, colorado y ojiverde llamado Ananías León, se cansó de vivir en Ascope y quiso volver a su tierra. Lo malo (o lo bueno, al menos para mi existencia) es que decidió largarse solo. Así que compró una tina de latón y una tabla de lavar ropa y se los dió a mi abuela diciéndole: “Toma esto, trabaja y cría a tu hijo”. Dicho esto se fue y nunca más volvieron a saber de él. Mi abuela se ocupó de preparar a mi padre para los reveses de la vida, se obsesionó por inculcar en él el carácter fuerte que ella tenía y lo hizo con mano dura, a veces demasiado dura.  Su hijo creció, se volvió hombre, aprendiendo a valerse por si mismo desde muy tierna edad. Y cuando llegó la hora de partir, de alejarse del hogar materno, fue mucho más fácil para los dos:  a ambos se les habían acabado ya las lágrimas. Tal vez fue esa la razón por la que nunca vi llorar a mi padre, ni siquiera (mejor dicho, mucho menos) cuando mi abuela murió.

La tarde en la que papá y yo le pagamos 5 soles a un fotográfo ambulante para eternizara nuestra imagen, pude entender que los hijos no están condenados a cometer los errores de sus padres. Mi padre nunca lo hizo. Cuando por las circunstancias de la vida, tuvo que separarse de mamá, trató por todos los medios de no alejarse de nosotros. A pesar de todo, fue al terminar la adolescencia cuando comenzé a sentirme más cerca de él. A medida que yo crecía, me iba desarrollando a su imagen y llegué a parecerme a él, no solo por los ojos hundidos, la sonrisota y la forma de andar, sino también por la manera como reaccionaba frente a los demás. La consigna era la misma: no rogar a nadie, no llorar ante nadie, sentir que todo estaba bien cuando en realidad todo estaba hasta el perno, fingir que no queríamos lo que en verdad queríamos con toda el alma para que nadie nos lastimara, perseguir nuestros sueños en silencio para que nadie se enterara de nuestra derrota si acaso eso sucedía, no dejar que nadie se compadeciera de nosotros. En una sola palabra, orgullo. Y aunque eso me mantuvo a salvo muchas veces, me condenó también otras tantas.

Orgullo

Aprendí a ver las cosas de una manera diferente. Un sábado después de almorzar y en medio de la gélida compañía de unas cervezas, empecé a hablarle sobre Nicole y el incidente en el centro comercial. Yo, que esperaba solo una palmada en la espalda y un “esas cosas pasan, hijo”, me quedé atónito con su reacción. Comenzó a reirse como si le hubiesen dado cuerda. Segundos después, cuando su risa ya  me había contagiado, le conté todo lo que había pasado, desde el principio, retrocediendo 3 años de incertidumbres, y cada renglón de la historia nos parecía más gracioso que el anterior. De pronto, pude sentir que ya no estaba conversando con mi padre, sino con un viejo amigo a quien no había visto hace mucho tiempo. No con esa clase de amigo que te aconseja y te sermonea, sino con aquel que no le importa si hiciste o no lo correcto porque se ríe contigo de tus errores y de los suyos y te hace ver que no tienes porque fregarte la vida llorando por quienes no pueden llorar por ti. Cuando terminamos las cervezas y él se retiró a descansar, ya no me sentía como un triste idiota: me sentía como un idiota feliz.

Dos  días después de habernos tomado la foto que mencioné al principio, tuve que volver a Ascope. Mientras ordenaba mi equipaje, mi papá tomó asiento junto a mí e intentó decirme algo paternal. Lo ví allí, en la penumbra de las 6 de la tarde, buscando las palabras adecuadas para ese momento, las lecciones aprendidas en sus 50 años de vida, todo lo que siempre había querido decir desde que se dió cuenta que su Bito, como él me llamaba, ya no era el niño que le pedía un carrito de policia cada fin de año. Pero al final, lo único que pudo decir fue “te voy a echar de menos”. Yo me vi reflejado en él una vez más, en ese león viejo que tanto me había enseñado, aún en su silencio. No nos volveríamos a ver sino hasta un año más tarde.

“El hombre empieza a envejecer cuando comienza a parecerse a su padre”, escribió Gabriel García Márquez. Es verdad. Debo estar envejeciendo ya. Pero mi padre también tuvo errores y así como él no repitió los errores del suyo, yo me estoy esforzando por no repetir los errores de él. Estoy aprendiendo a decir lo que siento, a demostrarlo con cada detalle, a poner mi corazón en la linea sin tener miedo al fracaso, a tragarme mi orgullo para no perder lo que más quiero, estoy aprendiendo a pedir perdón. El camino es largo pero sé que algún día, al mirar hacia atrás, sentiré que todo el esfuerzo ha valido la pena, porque seguiré al lado de las personas que más amo. 

POSTDATA:

P.D. 1, para papá: si alguna vez lees esto, no, no estoy enfermo. Solo me puse un poquito sentimental.

P.D. 2, para la chica que se sabe de memoria mis dos números de celular: desde que me dijiste que me veo más viejo con barba, me estoy afeitando cada dos días. ¡Gracias por estar pendiente de mí!

P.D. 3, para el tipo que antes era mi amigo y ahora me manda criticas indirectas con su subnick: ¡Comprate una alcancía y ahórrate tus comentarios! ¡Deja de estar pendiente de mí!


Ella y La Madrugada

Silenciosa, al borde de mis sueños;

su cabello se derrama, ondulado, entre sus hombros.

Ella se acerca, pero aún está muy lejos;

La Madrugada abre sus alas y murmura una oración.

El viento trae las cenizas de su aroma,

el eco de sus pasos alejándose, su adiós,

la voz de un niño llorandola en su alcoba,

y en el recuerdo descubro que aquella fue mi voz.

Hoy no quiero despertar si no la tengo ante mis ojos,

¡Madrugada, vuela lejos y quédate allí!

Ya no quiero sentir tu garúa en mi rostro;

llévate mis súplicas, mis horas sin dormir.

Ella se acerca, me mira y sonríe.

Abro mis ojos, mis manos se han cerrado;

el sol llegó, Ella se ha vuelto invisible,

el tiempo no pasó, soy yo el que ha pasado.

La Madrugada se ha ido y de nuevo volverá,

me encontrará otra vez, perdido en mi mismo:

soñando despierto o despertando de soñar,

con Ella y sin Ella, al borde del abismo.

YS Fotos.


¡Poison en Lima y yo de nuevo en mi blog!

Muy bien, allí dejamos a Leonardo y sus nostalgias para centrarnos ahora en cosas más interesantes. Y es que mientras estaba escribiendo un nuevo post para este blog, el noticiero por fin me dió una buena noticia: ¡POISON VIENE A LIMA! Así que borré todo lo que ya había hecho y empecé de nuevo. ¿Y sobre qué voy a hablar ahora?  Adivinaste: ¡sobre Poison!

Pero tú te preguntarás: ¿Quién o qué (rayos) es Poison? Pues te los presento:

y por si acaso, no son flacas, son hombres...

Te hago la aclaración porque cuando los vi por primera vez (en un póster que mi tío pegó en la pared de la sala) yo también los confundí. A pesar de todo, esta banda estadounidense de glam metal pronto se convirtió en una de mis favoritas. Habían empezado en el año 1983 bajo el nombre de Paris, con Bret Michaels como vocalista, Matt Smith en la guitarra, Bobby Dall a cargo del bajo y Rikki Rocket en la batería. En marzo del ’84 las chicas, perdón,  los muchachos, se mudan a Los Angeles donde empiezan a tocar en clubes, y se cambian el nombre a Poison (Veneno). Matt deja la banda y C.C. DeVille toma su lugar.  Por fin, en 1986, la banda lanza su primer albúm Look What the Cat Dragged In (algo así como Mira lo que trajo el gato), el cual vendió más de 5 millones de copias (hablo del disco, no del gato). De este albúm destacan: Talk dirty to me (Háblame sucio), I want action (Quiero acción) y la balada I wont forget you (No te olvidaré). Es en Look What the Cat Dragged In en donde el grupo utiliza cantidades industriales de maquillaje y vestimentas estrafalarias.

Sin embargo su albúm más exitoso sería el de 1988, titulado:  Open up and say…  ahh! el cual ha vendido hasta la fecha más de 15 millones de copias y donde encontramos la sensacional balada Every rose has its thorn (Cada rosa tiene su espina), la adictiva Fallen angel (Angel caido) y la no menos pegajosa Nothin’ but a good time (Nada más que un buen rato). En 1990 llegó Flesh & blood, el tercero de la banda, trayendo consigo a Ride the wind (Cabalga en el viento), Unskinny bop (?) y las baladas Something to believe in (Algo en que creer) y Life goes on (La vida continúa), entre otros. Giras exitosas, ventas millonarias y una evolución musical más evidente con cada disco, convirtieron a Poison en una de las 4 bandas más representativas del género, junto a Bon Jovi, Guns ‘n Roses y los británicos Def Leppard. Sin embargo no todo era color de rosa.

C.C. DeVille, el guitarrista, sufría una fuerte adicción a la cocaína, lo que trajo muchos problemas al grupo, entre ellos un bochornoso incidente producido en los MTV Video Music Awards 1991, incidente que provocó su expulsión de la banda. Richie Kotzen fue el elegido para reemplazar a C.C. en la guitarra y más tarde descubren que también estaba “reemplazando” al baterista Rikki Rocket. ¿Tocaba dos instrumentos a la misma vez? ¡Claro que no! Lo que pasaba era que estaba sosteniendo un romance oculto con Deanna Eve, la novia de Rikki.  Kotzen fue despedido por culpa de Deanna, se casó con Deanna, se peleó con Deanna y luego se divorció de Deanna. ¡Que linda pareja!

Deanna y el atrasador

Vicios, peleas internas, accidentes (Bret en su ferrari se sacó 4 dientes) y la llegada del movimiento grunge (Nirvana, Pearl Jam, etc.),  marcaron un bajón en la popularidad del grupo. A pesar de todo,  los Poison siguieron haciendo música: más discos (3) y más giras. En el año 1999 y después de 8 años de separación, DeVille vuelve a la banda y esta sale en una nueva gira mundial, encontrando entre sus fans a una nueva generación de jóvenes interesados en que el hard rock vuelva a la cima. Entre el año 2000 y 2009, lanzan 8 discos más y acompañan en diversas giras a grupos como Kiss, Cinderella, Def Leppard y Cheap Trick. Es ahí donde llegamos a la parte que más nos interesa: el Glam-A-Gedon 25 Tour 2011, que a finales de noviembre estará llegando a nuestro país. Mientras tanto, te dejo algunos videos de, en mi opinión, las mejores canciones de Poison. Para que sepas lo que te has estado perdiendo.

Arrancamos con FALLEN ANGEL, la historia de una chica de pueblo que se muda a la ciudad con el propósito de alcanzar  sus sueños de ser famosa. Sin embargo pronto descubrirá que “las luces no brillan tanto como ella lo veía en la televisión de su mamá” y se dará cuenta de que la fama solo tiene el proverbial verdor de los prados lejanos. Toda la esencia del glam metal en una canción que no podrás sacar de tu cabeza.

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RIDE THE WIND es un tema lleno de metáforas, un canto a la libertad, “a volar donde solo los angeles y las águilas se atreven”. Este fue el primer tema que escuché de los Poison. Eran finales de diciembre del ’99 y estaba a punto de dejar la primaria. Un coro impecable y conmovedor y un solo de guitarra que eriza la piel acompañan a Bret Michaels mientras te invita a “correr en el viento y nunca regresar”.

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En I WONT FORGET YOU  (puesto 4 en mi ranking de baladas metal), el vocalista se deja envolver por la nostalgia: “me rio de mi mismo al recordar las locuras que tú y yo hacíamos”.  Sencillez en cuanto a lo lírico pero profundo en el sentimiento que impregna cada nota y cada palabra: más que una canción, una promesa. “No te olvidaré aunque debería hacerlo”. Si tienes una amiga a la que quisiste más de la cuenta, esta balada dice todo lo que tal vez nunca pudiste decirle.

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Según una entrevista brindada a la revista Heavy Rock que apareció en el número de febrero del ’91, la banda afirma que LIFE GOES ON fue dedicada a una ex-novia de C.C. DeVille quién estuvo con él por un tiempo y luego lo abandonó a mitad de una gira. Sin embargo una página web afirma que este tema fue escrito por el mismo DeVille, en alusión a una novia suya quien fuera asesinada de un tiro en una pelea de bar en Palm Springs, California. Sea como fuere, LIFE GOES ON es una balada que te atrapa desde el primer segundo, el soundtrack perfecto para una historia que pudiera ser también la tuya. Pero la vida continúa, aunque ella esté lejos, aunque la necesites más que a nada. No importa cuantas veces hayas rezado para que no amara a nadie más como decía amarte, si tus oraciones no fueron contestadas, pasa la página y sigue adelante.

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Para concluir esta videografía, te dejo con el single más exitoso de nuestro cuarteto favorito: EVERY ROSE HAS ITS THORN. Cierto día,  Bret Michaels llama a su novia desde un teléfono público y al contestar, él escucha una voz masculina al lado de ella. Bret cuelga el teléfono, completamente devastado y escribe esta canción donde la rosa significa la fama alcanzada y la espina, el precio que había tenido que pagar: separarse de la mujer que más amaba. Un dato interesante es que Bret nunca pensó lanzar esta balada, sin embargo los de la disquera la descubrieron y pensaron que sería un gran éxito. Adivinaron. EVERY ROSE HAS ITS THORN se mantuvo en el puesto #1 de los charts americanos por 3 semanas consecutivas en la navidad de 1988 y la primera semana de 1989. En un ritmo lento y un sonido más country, este tema nos demuestra que la fuerza de un corazón roto puede crear una obra maestra.

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En fin, Poison es una banda bien hecha musicalmente y no solo maquillaje y poses atrevidas. Sus canciones gustan porque ellos vivieron cada una de las experiencias que alli cuentan. Y en noviembre, visitarán nuestro pais y nos demostrarán que están más prendidos que nunca y que el llamativo glam metal y el buen rock ‘n roll no han muerto. 

 ¡Larga vida al Rock ‘n Roll! 

...y asi se ven ahora.

¿Sabías qué…

…siendo hombre, te puedes vestir y arreglar como los Poison siempre y cuando tengas los músculos bien desarrollados, porque de lo contrario solo parecerás un travesti?

…Miley Cyrus debería recibir cadena perpetua por haber malogrado el tema Every rose has its thorn en un cover que incluyó en su último disco?

…yo sería capaz de ir al programa de Laura Bozzo solo por ganar una entrada para el concierto de Poison? ¡Así de loco estoy!

…muy probablemente, Lady Gaga y Laura Bozzo  son criaturas extraterrestres que nacieron de un mismo huevo, el cual cruzó todo el sistema solar hasta estrellarse en nuestro planeta?

…ese huevo interplanetario habría sido enviado por un imperio medio raro que quiere destruir nuestra civilización a punta de canciones gays y carritos sangucheros?

…a pesar de que Justin Bieber (“jotito” o “jotita” para los amigos) lanzó su linea de esmalte para uñas, sus seguidoras siguen afirmando que él no es gay?

…muy probablemente sufro de THDA(Trastorno de Hiperactividad con Déficit de Atención) porque a menudo me desvío del tema que estoy tratando?

la historia sobre Nicky y Leonardo fue un caso de la vida real y no un episodio más de Lo que callamos las mujeres?


¡Adiós, Nicole!

(Leer capítulo anterior)

         ¡Hola!

Nicky enrojeció como nunca lo había hecho y abrió los ojos como platos.

-          Ho-o-o-la …  ¿Qué haces aquí?  En la tarde te desapareciste…

-          Ah sí, de veras. Vine a comer algo – mentí – te vi y me acerqué a saludarte.

-          Ah ya. Yo quedé con unas amigas para comer aquí  pero parece que no van a venir así que ya me voy.

-          No, espera, si gustas…

En ese momento, un empleado del lugar anunció que mi hamburguesa estaba lista. De pronto, pareció que ella quería confesarme algo, justo cuando noté que detrás de mí había alguien más. Era un muchacho de casaca verde, más o menos de mi edad. Nicky lo miro a él y luego me miró a mí. Yo miré a Nicky y volví a mirarlo a él. Él me miró a mí y terminó mirando a Nicky. Al final los 3 nos miramos muchas veces y entendí que el que estaba sobrando allí era yo, asi que me retiré con una sonrisa elegante. Él trato de besarla pero ella estaba un poco confundida y solo atinó a ofrecer sus mejillas mientras me seguía mirando con ojos compasivos y a la misma vez suplicantes, como si hubiera acabado de revelarme un secreto. Yo por mi parte sentí una puñalada de hielo en el corazón al comprender quién era él y qué estaba haciendo allí. Lo único que a mi me quedaba era una hamburguesa esperándome en el mostrador. Respiré profundo y opté por recogerla de todos modos y no salir corriendo como me lo había propuesto en un principio. Total, ya había pagado por ella. La comería rápidamente y luego me iría de allí como si nada hubiera pasado. Pude notar que ambos me estaban mirando de reojo. Entonces, sentí que no solo ellos, sino que todos los que estaban en ese local me estaban mirando también. Era una sensación terrible que ya no podía soportar.  Mientras el sabor del queso se deslizaba por mi paladar, volví a pensar en Dalila, en que tal vez habría sido feliz con la única chica que estuvo a punto de hacerme olvidar a Nicky. Que a lo mejor, estaba pagando por todo lo que le había hecho a esa amiga que me acompañó durante 6 años y que entonces esta no era mi historia, ni la historia de la chica de perfil cincelado que estaba cenando a unos pasos de mí, sino que siempre fue la historia de Dalila y de todo lo que pasó después de ella,  porque no era verdad que uno podía ser libre tan solo con decir adiós. Pensé en todas aquellas personas que dejé de lado, en todos los amigos a los que descuidé solamente para estar donde estaba en esos momentos: al borde del abismo.

Estaba listo para rendirme. No suplicaría a nadie ni pediría explicaciones a nadie. Salí del centro comercial y caminé lo más rápido que pude para no perder el micro que me llevaría a casa. Al día siguiente todo volvería a ser como antes, o al menos eso pensé. Haría un esfuerzo supremo para olvidarme de Nicky, de sus ojos chispeantes, de sus pómulos rosados, de sus dientes de conejo, de su nariz perfecta, de su levedad de mariposa. Deambulé por casi todo Canta-Callao y al llegar a casa, mi papá ya se había ido al trabajo. Casi por instinto, encendí la computadora y me conecté al messenger buscando alguien con quien hablar. Nicky ya estaba conectada también. Abrí la ventana de chat para escribirle algo, para repetirle todo lo que yo le había confesado a la hamburguesa que me comí. Pero a última hora decidí no decirle nada. A la misma vez, la ventana abierta me indicaba que Nicky estaba escribiendo un mensaje. Una noche parecida, pero de algunos meses atrás, yo había sido feliz viendo por primera vez su nombre al lado del puntito verde de los contactos disponibles. Mientras yo me dejaba arrastrar por los recuerdos, ella seguía escribiendo pero no decía nada. Al final dejó de escribir y se desconectó. La nostalgia me llevó a su gusto por todos esos minutos en los que mi vida coincidió con la suya. Recordé el olor a pescado de su ciudad natal, las noches en las que apretaba mi celular esperando que contestara, los poemas que le hice leer sin que supiera que los había escrito para ella, el camino que tuve que tomar para llegar al final de esta historia. Recordé cada una de las conversaciones que tuvimos desde que ella decidió ponerme en el cajón de sus mejores amigos y eché de menos esa  manera tan suya de hacerse querer:

-          …tú me entiendes verdad?

-          …entiendo hasta tus silencios, Nicole.

Y aquella noche, su silencio me lo dijo todo.

 FIN.

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Tiempo de dar por perdido

(Leer capítulo anterior)

Eran las 2:45 de la madrugada. Me desperté sobresaltado, con el polo empapado de sudor y el corazón que me latía bruscamente. Busqué a tientas el interruptor de luz pero demoré un buen rato y dos tropezones en encontrarlo porque mi papá había colgado su espejo justo encima de este. ¡Que muchacho para más inteligente! – pensé. Su brillante idea casi ocasiona que nos quedemos sin televisor.

Mientras tomaba un vaso de agua, mi conciencia empezó a recuperar algunas imágenes del sueño cuyo desenlace me había hecho saltar de la cama. Un sueño recurrente en aquellas 3 últimas semanas: Nicky se acercaba sonriente, me tomaba de la mano y me llamaba por un nombre que no era el mío. Detrás de mí había alguien que no pude reconocer. Me empujaba y yo caía como si me hubieran aventado de un cuarto piso. Justo en ese momento despertaba, sintiendo que me había estrellado en mi propia cama. Cuando terminé de tomar el tercer vaso de agua y después de ir al baño por segunda vez, dejé de repasar lo que recordaba del sueño y quise volver a dormir. En el camino a la habitación murmuré la frase que explotaba en mi mente cada vez que me encontraba pensando en ella, desde esa noche en la que decidí que el sueño, ese otro sueño que duró 3 años, había terminado para siempre:

Soy un idiota…

Lo era. Nadie me había mandado ir a buscarla hasta su casa, nadie me había obligado regresar  cuando ella ya estaba por irse, nadie me había puesto una pistola en la cabeza para tomar un taxi y seguirla a cualquier parte. Yo me consideraba una persona calculadora, alguien que medía bien cada paso que iba a dar y que nunca se dejaba dominar por las emociones. Pero aquella vez todo se salió de control y me dejé arrastrar, abrumado por una oportunidad que se me iba de las manos. Hasta el taxista se dio cuenta de lo que pasaba y pudo advertir que no era por el frio por lo que yo estaba tiritando y chasqueando los nudillos una y otra vez.

-          Persiguiendo a la enamorada ¿eh?

-          ¿Qué? Ahhh no, yo solo… allí adelante va un amigo mío…

-          Uhmm…  – el taxista sonrió maliciosamente.

-          Amigo no, digo amiga… quise decir amiga

-          Si, ya me di cuenta.

Finalmente el taxi blanco en el que iba Nicky se detuvo en un centro comercial. Pedí  a mi taxista que se detuviera también pero un poco antes y esperé allí hasta que ella bajó e ingresó al local. La seguí con mucho cuidado para que ella no notara mi presencia. Tomó la escalera eléctrica hacia el segundo piso y entró en una tienda de comida rápida. Después de ocupar una mesa al fondo, junto a la puerta lateral, yo decidí hacer lo mismo y elegí una que estaba a 4 mesas de la suya de modo que quedé  a sus espaldas. Era una posición estratégica pues podía espiarla a mi gusto sin que ella se diese cuenta de que yo estaba allí. La pregunta que me hacía era: ¿A quién o a quiénes estaba esperando?  Después de ordenar en el mostrador  lo primero que se me vino a la cabeza, decidí ir hasta donde ella estaba y saciar mi curiosidad…

Continuará


Si pudiera decirte…

(Leer capitulo anterior)

“Everytime i said goodbye, i can’t be free”

Terry Ilous, vocalista de la banda XYZ en “What keeps me loving you”

“Cada vez que digo adiós, puedo ser libre

Yo, (demostrando un pobre nivel de comprensión del inglés cantado) al traducir el verso anterior.

Dalila se fue sin decirme adiós. La verdad, no tenía porque decírmelo: todo lo que hubo entre nosotros había acabado 6 meses antes. La noticia de su expulsión me llegó en un momento en el que me había propuesto arreglar las cosas y hacer que todo volviera a ser como cuando nos conocimos. Sufrí una crisis de conciencia al darme cuenta de que, en el fondo, lo que le estaba pasando era por mi culpa. Sin embargo, semanas después comprendí que no tenía porque seguir viviendo con los remordimientos y que ella estaba donde estaba por elección propia. Comprendí que tenía que decir adiós al pasado, adiós al sentimiento de culpa, adiós al si-tan-solo-hubiese-sido-más-amable y al qué-habría-pasado-si-hubiese-dicho-que-sí. En fin, decir adiós a todos los pensamientos que tenían que ver con ella y ser un poco egoísta, pensando más en mi mismo y en lo que yo quería. Solo así, pensaba yo, podría olvidarla y ser libre para seguir adelante:

¡Adiós, Dalila!

Entonces me pareció que la frase que “inventé” por error era cierta. Y si decir adiós me puede hacer libre, decir hola podía tener el efecto contrario. Al menos en mi caso fue así. Hace como 3 años que había dicho hola por primera vez a Nicky y desde entonces no hacía nada más que pensar en ella pero nadie tuvo nunca la más mínima idea de lo que estaba pasando conmigo. Es que ella era como una piedra en el zapato que yo había aprendido a sobrellevar muy bien. Sin embargo después de haber conversado 8 veces con Nicky (3 por telefóno y 5 cara a cara) sin lograr nada y después de haberle enviado 10 sms de los cuales solo me respondió uno, decidí que había llegado el momento de sacarme el zapato y sacudirlo. O lo que es lo mismo, decirle adiós y “librarme” también de ella, olvidarla de una vez por todas. Al fin y al cabo ya la había perdido y no se dejaba encontrar, lo único que tenía de ella era su número de celular y su correo en mi lista de contactos. Estaba haciendo grandes avances ya en esto de olvidarla, cuando una noche, Nicky inició sesión en messenger, mientras yo revisaba algunos mensajes. Me quedé inmóvil. Por un lado, sabía que lo correcto era no hablarle y apagar la computadora de inmediato. Pero algo dentro de mi, me decía que la vida me había dado una segunda oportunidad y que esta vez si lo lograría porque el internet era el elemento en el que mejor me desenvolvía. Total, ella no podría advertir el rubor en mis mejillas, ni percatarse del temblor en mi voz y yo tenía más tiempo para ordenar bien mis ideas y pensar mejor en lo que iba a decir. Me sentía como si estuviera jugando de local. Decidí atacar como nunca antes lo había hecho:

Hola Nicky

Aquel fue el principio del fin. Pero también fue la mejor parte de toda nuestra historia. Durante los siguientes días, se me hizo una costumbre conectarme solo para conversar con ella. Entonces parecía que ya no estaba a 12 horas de mi esperanza, sino mucho más cerca de lo que jamás había estado: a un click de distancia. Por aquellos días también, quité el nickname que siempre había utilizado, Soldier of Fortune, y lo reemplacé por un verso de una canción de Los Rancheros. Ella hizo lo mismo con su nick y colocó una frase que aún ahora sigue significando mucho para mí porque me trae a la memoria aquella época en la que Nicky me contagió la manía de salpicar mi conversación con palabras en inglés. Después de dos meses más o menos, una tarde cualquiera, decidí que ya era hora de dar un paso más adelante:

Sin sentido fue mi vida hasta que te vi iluminada en mil colores parada frente a mí dice:

. d veras el otro mes staré x allí ire a visitar a mi papá y d paso m doy una escapada a vert

Se tan fuerte q nadie pueda herirte, tan noble q nadie pueda ofenderte y humilde q todos quieran imitarte dice:

. claro! When you like it

Sin sentido fue mi vida hasta que te vi iluminada en mil colores parada frente a mí dice:

. enton a lo mejor t caigo d sorpresa ;)

Se tan fuerte q nadie pueda herirte, tan noble q nadie pueda ofenderte y humilde q todos quieran imitarte dice:

. ok yo siempre paro aca pero hay una cosa :O

Sin sentido fue mi vida hasta que te vi iluminada en mil colores parada frente a mí dice:

. dime

Se tan fuerte q nadie pueda herirte, tan noble q nadie pueda ofenderte y humilde q todos quieran imitarte dice:

. mi papá trabaja en las tardes si vienes ven una tarde

Sin sentido fue mi vida hasta que te vi iluminada en mil colores parada frente a mí dice:

.??

Se tan fuerte q nadie pueda herirte, tan noble q nadie pueda ofenderte y humilde q todos quieran imitarte dice:

. es q el es un pokito quaker :S tu m entiendes verdad?

Sin sentido fue mi vida hasta que te vi iluminada en mil colores parada frente a mí dice:

. jajajaja

.claro

. entiendo hasta tus silencios, [Nicky]

Se tan fuerte q nadie pueda herirte, tan noble q nadie pueda ofenderte y humilde q todos quieran imitarte dice:

. gracias darling tu siempre lo haces

. youre my best friend ;)

Sin sentido fue mi vida hasta que te vi iluminada en mil colores parada frente a mí dice:

. :)

Semanas después de aquella delirante conversación, allí estaba yo, manojo de nervios a punto de tocar su puerta. Si tenía una última oportunidad para escapar de aquel desafío, ese era el momento indicado. Sin embargo, respiré profundo, me acomodé el pelo lo mejor que pude y toqué la puerta. Recordé el paso 1 y decidí aplicarlo. Apoyé mi codo derecho en la pared, cerca del umbral de la puerta, cruzé los tobillos y puse mi mejor sonrisa. Un bostezo mastodóntico heló mi sangre. Mientras pensaba si aquel bostezo podría ser o no de Nicky, la puerta se abrió descubriendo la pesada anatomía de un señor de 50 años más o menos. Tragué en seco. Él era un poco más grande que yo, tenía cara de pocos amigos y unas patillas canosas tipo Alan Garcia. Me incorporé inmediatamente de mi postura “relajada” para que no se llevara una primera mala impresión de mi, pero era demasiado tarde: me estaba mirando como si se encontrara ante un espectáculo deprimente. Después de escanearme de arriba a abajo con sus ojos asiáticos, me hizo la pregunta de rigor:

- ¿A quién buscas?

- Buenos… buenas tardes señor, yo…

- ¿Si?

- Vine a ver a [Nicky]

- [Nicky] es mi hija y tú ¿quién eres?

- Yo… pues… soy… un… aaaamigo… de… ella…

- ¡Habla más fuerte!

- ¡Que soy su amigo!

Estaba a punto de salir corriendo, cuando por sobre el hombro de ese señor, apareció la luz del cabello mojado de Nicky. Estaba con un polo rojo manga cero y un short de algodón negro. Acababa de salir de la ducha. Al verla así volví a tragar en seco, mientras su papá todavía no acababa de comprender qué diablos estaba pasando. Ella enrojeció al verme allí en su puerta pero disimuló todo con una sonrisa de ensueño.

- Hola Leo, ¡que sorpresa!

- Ammmm… hola

- Un minuto, ahorita salgo

Antes de decir eso, su papá le había hecho una seña con la mano. Ella no había terminado aún de pedirme que esperara cuando aquel cerró la puerta, masticando una disculpa. Yo, que en ese momento debí haber parecido el monumento del bochorno, me quedé allí jurando que nunca más volvería a visitar a alguien de sorpresa. Detrás de la puerta cerrada, aún se podían escuchar las voces de ambos en una discusión casi susurrante. Decidí que todo estaba perdido. Comencé a caminar apresuradamente hasta llegar a la esquina donde hace algunos minutos me había preguntado que diría yo si ella no estaba con pantalón jean. Me volví a perder en esa ciudad y en sus avenidas llenas de neblina y humo y bocinas de taxis. Algunas noches, mis sueños habían dibujado esa ciudad de una manera diferente a la imagen que ahora imponía la realidad. De pronto cuando ya iban a ser las 6 de la tarde, volví a pensar en la oportunidad que se me iba de las manos. Que tenía que regresar y enfrentarme a lo que saliera por esa puerta la cual minutos antes había dejado atrás, hecho un completo cobarde. No había regado migajas de pan por el camino que me llevaba de regreso hasta ella, pero aún así, no me fue muy difícil encontrar su casa otra vez. Me detuve de nuevo en la esquina antes mencionada. Pude ver que la puerta se abría de nuevo. El papá de Nicky salía en ese momento con ropa de trabajo y una mochila a la espalda y desapareció en dirección opuesta a la mía. Era el momento. Me tomé unos minutos para pensar en una excusa creíble que justificara el hecho de que me hubiera escapado sin esperarla. Entonces vi que Nicky también salía lentamente y miraba de un lado a otro como revisando que ya no estuviera su papá por allí cerca. Ahora si llevaba pantalón jean y además estaba maquillada y lista para salir. Volvió a entrar rápidamente, sacó su bolso y tomó un taxi. Todo eso me parecía un poco raro, ¿Nicky escapándose de su casa a esta hora? Sin pensarlo dos veces y en un rapto de locura, yo también decidí mi destino:

- ¡Taxi!

- ¿A donde lo llevo, caballero?

- Siga a ese taxi blanco, por favor.

Continuará…


“El cielo no está demasiado lejos”

Jhon Kennedy Oswald nació en Ohio, Estados Unidos, el 1 de febrero de 1964.  Aprendió a tocar la batería a los 4 años gracias a su hermano Eric y a los 11 años ya tocaba en los clubes con el nombre de Mitch Dynomite. Después de graduarse de la universidad y tocar en algunas bandas que no tuvieron mucha trascendencia, decide mudarse a Los Angeles, California, junto a su amigo Steven Sweet, no sin antes cambiarse el nombre a Jani Lane.

Durante sus primeros años en  Los Angeles, la vida no les mostró su mejor rostro. Es asi como ellos tuvieron que buscar diversos trabajos para sobrevivir. Luchando para ganarse la vida como músicos, Lane y compañia recurren, incluso, a trabajar en un almacén de videos pornográficos. Sin embargo es también en Los Angeles donde ellos alcanzarían el cielo de la fama. En 1986 ambos forman una nueva banda llamada Plain Jane, banda que llama la atención de Erick Turner, quién en 1984 había fundado Warrant. Turner llama a Lane y a Sweet y ambos se incorporan a Warrant.

Lane llega a ser compositor y vocalista principal de la banda californiana de glam metal. Su primer albúm Dirty, Rotten,Filthy Stinking, Rich (1988, yo lo bajé con el Ares en el 2009) alcanza el puesto 10 en el Bilboard 200 del cual se desprenden tres hits : Heaven, Down Boys y Sometime she cries. En el año 1990 (el año en el que yo nací) lanzan Cherry pie, el albúm más exitoso de Warrant, el cual llega a vender 2 millones de copias y se ubica en el puesto 7 de la lista antes mencionada. De alli salieron también tres hits: Cherry pie, el sencillo que le da nombre al albúm (un encargo del presidente de Columbia Records, quien pide a Lane la composición de un hit radial que compitiera con Love in a elevator de Aerosmith) , I saw red y Uncle Tom’s cabin. Jani Lane y Warrant estaban pasando por su más glorioso momento.

Sin embargo, el movimiento grunge encabezado por Kurt Cobain y Nirvana empezaba a imponerse en la escena musical de aquel entonces. Es por ello que el tercer albúm de la banda, Dog eat dog (1992) no tuvo tanta acogida como los 2 anteriores (solo se vendieron 500 000 copias).  En los años que siguieron a aquel suceso, la banda se disolvió y se volvió a reunir varias veces, publicando 5 discos más junto a Lane. Paralelamente, Jani continúo con una discreta carrera como solista y a la vez colaboró con algunos otros grupos de su mismo género (como Alice Cooper y Great White). En el año 2005, Jani Lane fue presentado en Club VH1 Celebrity Fit 2, un reality en el que los miembros competían por bajar más rapido de peso, gracias al cual Jani logra bajar muchos kilos.En el año 2010 es condenado a 120 dias de carcel tras ser detenido por segunda vez conduciendo en estado de ebriedad.

Yo crecí con su música. Cada vez que regresaba de la escuela, encontraba a mi tío en su negocio escuchando algunos de sus cassettes favoritos (estoy hablando de mediados y finales de los ’90) de grupos como Def Leppard, Poison, Motley Crüe, Cinderella, y por supuesto, Warrant y muchos más. Enérgicos himnos, entre ellos Down boys o la superbalada Heaven,  se convirtieron en el soundtrack de mi infancia y cada vez que los vuelvo a escuchar, ya no en los cassettes de mi tío sino como archivo mp3 en mi celular, sus notas me llevan y me traen a su gusto por aquellos momentos en los que mi vida era más sencilla.

El 11 de agosto del 2011, Jani Lane, el tipo rubio que aparecía con su banda en 2 de los posters que adornaban la sala de mi casa, fue encontrado muerto en el hotel Comfort Inn en Woodland Hills, California. Tenía 47 años ya. Su adicción al alcohol y a las drogas, al parecer, le pasaron factura. Pero la música (casi siempre) tiene ese don de volver inmortales a quienes dedicaron su vida y su talento a ella y Jani Lane obtuvo ese don. El y Warrant dejaron un espléndido legado y aquí en Yo también tengo mi blog!!!! queremos que tú conozcas y disfrutes también de aquellas joyas del glam metal. Prepara un poco de canchita (palomitas de maiz, popcorn o pochoclos, como prefieras llamarlos), acomodate en tu sillon favorito y viaja con nosotros hasta aquellos gloriosos años de la música (no como ahora que lo único que encuentras en la tele son mariposas tipo Justin Bieber, Usher, los Jonas Brothers y bravucones como Calle 13 y Pitbull). Bien pues comencemos:

 

 

Down boys, el titulo de esta canción se convertiría en el alias del grupo. Con un ritmo pegadizo y con sabor a fiesta este himno, fue, como ya mencionamos antes, uno de los primeros hits de la banda. “¿A donde fueron los chicos? ¡Quiero a ir a donde van los chicos, nena!”

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Sometimes she cries. Me gusta mucho el video de este tema, velo por ti mismo y me darás la razón. “En una noche solitaria y en una lluvia torrencial, tú puedes contar conmigo”.  ¡Mucho cuidado! La guitarra de Joey Allen le pone a esta cancion un encanto que a veces te puede hacer llorar.

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Y por supuesto, Heaven. Si amas esta balada llegará el momento en el que tendrás que dedicarsela a alguien. Con unos acordes y coros excepcionales, Jani y compañia nos dicen que “el cielo no está demasiado lejos“. Recuerdo muy bien que hasta hace poco utilicé aquel verso que decía: “no necesito ser el rey del mundo mientras sea el héroe de esta chiquilla” como nick para mi messenger. ”No importa lo que tus amigos digan”, disfruta esta balada y sientete “más cerca del cielo”

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¡Adiós y muchas gracias, Jani Lane!

1964 - 2011

 

¿Sabías que… 

… en Youtube y en Facebook  hubo muchos usuarios que comentaron que preferían ver muerto a Justin Bieber que a Jani Lane?

… los payasos de Anonymous atacarán y destruirán Facebook el 5 de noviembre de este año?

… si esto sucede, tendrás que evacuar a todos los habitantes de tu ciudad en Citiville, incluyendo los animales de tu zoologico, para que no sean destruidos?

… felizmente todo fue una falsa alarma?

… no me importa porque Yo también tengo Twitter!!!!?

… soy un #foreveralone porque solo tengo 8 followers en Twitter y a ninguno conozco en persona? (Desgraciadamente es verdad)

… por si acaso, mi nombre ya aparece en las páginas blancas de Movistar?

… para escribir este artículo (incluyendo el ¿Sabías que… ?) tuve que pasarme casi 2 horas leyendo Wikipedia?


Tiempo de buscar

(Leer capítulo anterior)

Acomodado en el penúltimo asiento del micro, dejé de pensar en lo que iba a decirle y miré mi celular por quinta vez en esa última media hora de viaje. Eran las 4:15 pm: en 10 minutos estaría tocando su puerta por primera vez. Me decía a mi mismo que no había nada que temer, pero las cosquillas en mi estómago y el corazón que se me quería salir por la boca no pensaban igual. Así que volví a lo que había estado haciendo y repase de nuevo todo lo que haría y diría una vez que hubiera llegado a su casa (recién ahora me doy cuenta de lo delirante que era el guión que había desarrollado para aquella oportunidad):

1)      Tocar la puerta, apoyar un codo en la pared, cruzar los tobillos (en una postura recontra relajada) y esperar a que salga.

2)      Saludar con un: “Hola que tal, estaba pasando por aquí, me acordé de ti y se me ocurrió llegar a saludarte…”

3)      Esperar su respuesta…

4)      Luego diría (sonriendo): “uhmmm, oye y a propósito, primera vez que te veo en pantalón jean, siempre te había visto con tu faldón y tu bolso…”

5)      Entonces agregaría (bajando un poco la voz, como si le estuviera contando un secreto): “Te ves linda, eh?” (rompiendo el hielo, con un elogio sencillo pero sincero)

6)      Esperar su respuesta…

7)      Luego del paso 6, ella me habría invitado a pasar y tomar asiento, así que me sentaría, cruzaría las piernas (varonilmente, por supuesto) y los demás era pan comido: hablaríamos sobre los amigos que teníamos en común, sobre el facebook, sobre música y sobre…

Sumergido en mis pensamientos había bajado del micro, caminado 2 cuadras y media, doblado una esquina hacia la derecha y otra hacia la izquierda y al cruzar la pista de dos carriles, recién me di cuenta de que estaba perdido:

-          Señor, señor, disculpe, dígame ¿Dónde queda esta dirección? – un papel arrugado era lo único que me llevaba hacia ella.

-          Uhmmm, a ver, a ver, 1 …2 …3 …4, si 4 cuadras hacia abajo y doblas a la izquierda.

-          ¿La paralela a esta?

-          ¿La qué?

Me pareció un poco lejos aún pero decidí no tomar taxi porque no quería gastar 3 soles más, ya que esta vez no tenía porque ser puntual, mi visita era una sorpresa. Es más, hubo momentos en los que estuve a punto de rendirme y volver a casa. Pero no había llegado tan lejos como para detenerme allí y abandonar la batalla. Volví a repasar mentalmente todo lo que había ensayado y al llegar al paso 4 un terrible escalofrío recorrió mi cuerpo:

“¡Oh Dios! Y si no está con pantalón jean, ¿qué le digo?”

Una tarde parecida pero de hace poco menos de 3 años, yo me había encontrado en las mismas circunstancias y por las mismas razones en un ambiente casi tan desconocido como este. La diferencia es que aquella vez, esa ciudad olía a pescado, mientras que esta ciudad olía solo a neblina. Pero había otra diferencia más: aquella primera vez, ella no sabía de mi existencia mientras que en esta, yo llegaba ya como uno de sus mejores amigos (o al menos, así me lo había dicho ella). Todo había empezado 636 días después de mi visita a la ciudad olorosa a pescado. Me había vuelto a presentar y supongo que esta vez sí le caí bien, pero no logré nada más. Al otro día, robé su número en una acción desesperada por no perderla de mi radar otra vez. Durante los días que siguieron a aquel domingo, mi vida se convirtió en una maraña de interrogantes y dudas: ¿La llamo o no la llamo? ¿Qué digo si la llamo? ¿Qué haré sino la llamo? Hasta que la mañana del viernes de esa misma semana tomé una decisión: “o la llamo esta noche o me olvido de ella para siempre”. A las 10:32 pm busqué su número en mi agenda (la había registrado con el nombre-código: Nicky). 10:34 pm, presioné el botón verde de mi celular y esperé sin respirar mientras  percibía una sensación de óxido debajo de mi lengua. 10:35 pm, una voz grabada, aquella voz que se deja escuchar en los momentos más inoportunos, me devolvió el aliento: “por favor deje su mensaje en la casilla de voz”. Volví a intentarlo 3 veces más y las 3 veces me contestaron con la susodicha frasecita. Sentí una rara mezcla de alivio y frustración pero debía terminar lo que había empezado así que le envié un mensaje de texto que decía más o menos algo como esto:

     Hola [Nicky] soy Leonardo …T acuerdas d mi? …Weno consegui tu #

y decidi scribirt …Aver si hablamos un dia destos ;) …cdt bye

Había hecho mi primer movimiento, ahora le tocaba a ella. Decidí no presionarla mucho, total, estaba seguro de que al dia siguiente me respondería. Tremendo error: su respuesta me llegó un mes después. En su sms se disculpaba por no haberme escrito antes y me decía que si se acordaba de mi y que le gustaría mucho hablar conmigo. Era mi turno y como no podía ser de otro modo, le respondí inmediatamente, diciéndole que no se preocupara y que un día de estos la llamaría. La llamé un lunes por la noche y conversamos durante casi 15 minutos, como si fuéramos amigos de toda la vida. El sábado siguiente, a eso de las 5 de la tarde, Nicky  me llamó desde un teléfono publico solo para saludarme y saber cómo estaba. Aunque solo fueron algo de 3 o 4 minutos, fueron suficientes para hacerme creer que por fin lo había logrado…

Estaba ya 4 cuadras abajo y a punto de doblar a la izquierda. En la última conversación que tuvimos por messenger, ella me había dicho que la visitara cualquier día, que ella estaba allí casi siempre. Era gracias al messenger que yo llegué  a ser su amigo. Después de ese sábado en el que me llamó, la volví a perder del radar. Su celular siempre estaba apagado. Fueron días difíciles para mí pero los disimulé muy bien, como siempre he sabido hacerlo. Más o menos por esos días escribí el primer capítulo de esta serie, Un muchacho extraño en una tierra extraña. Quería contar toda su historia, mi historia,  desde el principio hasta el final, terminara como terminara.  Para colmo, en esos días perdí también a una de mis mejores amigas, Dalila. Me sentía completamente devastado pero había personas que esperaban mucho de mí y no podía defraudarlas poniéndome a llorar. Tuvieron que pasar algunos meses hasta que me decidí a buscar a Nicky de nuevo. Esta vez la busqué por internet. Puse patas arriba toda la red buscando algo de ella, una foto, algún comentario o alguna referencia. Sónico, hi5, netlog, luego el facebook: ni el más mínimo rastro. Puse su nombre completo, entrecomillado, en el buscador de google y llegué a caer por México. Una profesora de Ciudad Juarez (¡qué miedo!) que tenía 36 años era la única que se llamaba así. 

 

Sin embargo, a finales de ese año, una noche en la que no tenía nada más que hacer, volví a insistir con su mismo número. No me dio tiempo para pensar en lo que iba a decir porque casi de inmediato una voz me contestó desde el otro lado de la línea. Era ella. Se notaba un poco diferente, su voz era trémula y medio apagada pero era ella al fin y al cabo. Antes de colgar le pedí su correo electrónico y me lo dio sin reparos. Tuvieron que pasar 2 meses más para poder comunicarme con ella.

Una noche de principios de febrero, mientras estaba revisando mi bandeja de entrada, apareció una notificación de messenger que decía: [Nicky] ha iniciado sesión. Desde aquella noche, nada volvió  a ser igual.

continuará….

 

 


In extremis

Años después de este momento

 

El futuro se convierte en pasado,

en nostalgia.

Los amigos se hacen más lejanos

y los sueños se resbalan como lágrimas.

 

Fui un niño adicto a soñar,

fui un rey,  también fui un payaso;

fui un poeta invisible y fugaz,

un corazón que aún esconde sus pecados.

 

 

La fiesta terminó hace mucho tiempo;

si mañana sale el sol no importa ya,

solo quedan el polvo y el silencio

y es que el silencio es mi lenguaje para amar.

 

Amé, soñé, también sufrí:

he ganado y he perdido en este juego.

fui feliz mientras pude ser feliz;

pude existir y de nada me arrepiento.

 

 

 


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